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The Brainband Paradox

Hacia una gestión del sentido real de urgencia

Creo que la urgencia se ha de entender como una mezcla de las ideas y de los sentimientos en relación con el comportamiento real. En cada uno de ellos, la urgencia provoca diferentes consecuencias. En cuanto a las ideas, hace que se piense que hay grandes oportunidades y también grandes peligros. En relación a los sentimientos, estamos ante un instinto que determina que se hará algo ahora. Por último, respecto al enfoque comportamental, se puede señalar que es cómo estar ante una hiper-alerta constante. Todo esto está asociado a las personas, pero también es extrapolable a las empresas. Por eso, la urgencia ha de ser gestionada, para que no condicione el buen desempeño de los múltiples aspectos del día a día de una organización.

En primer lugar, recojo la máxima basada en la relevancia de separar lo urgente de lo importante. En esta línea, simplemente destacar la teoría de los 4 cuadrantes de Stephen Covey que permite clasificar y priorizar tareas:

  1. Urgente e importante, que exige que sea atendido ahora mismo y que se deje de lado cualquier otra actividad, hasta que esto no se resuelva.
  2. Importante no urgente, aquellas tareas que no son de vida o muerte, pero sí resultan determinantes para la calidad de vida o el bienestar.
  3. Urgente no importante, aquellas actividades superfluas que se llevan a cabo por hábito o azar.
  4. Ni urgente ni importante, acciones completamente irrelevantes.

Dando un paso más, me gustaría destacar lo que yo denomino falsa urgencia. Entiendo esta como la consecuencia de estar ante un acumulado de cuestiones tácticas, que nos asaltan a cada instante y que suponen que no podamos avanzar en los aspectos de la organización más allá del aquí y del ahora.  Considero paradigmático el ejemplo del smartphone y de las redes sociales, porque han provocado que los temas que llegan a nuestras vidas por estos canales sean vistas de una relevancia brutal, no por su profundidad sino por su inmediatez.

Y que no se entienda esto como una declaración contra el social media, pues nada más lejos de la realidad. Sin embargo, sí se ha de poner en perspectiva su uso y su abuso, pues son una muestra más del tacticismo en el que vivimos, las personas, pero también las organizaciones. La táctica es necesaria, pero no determinante. No podemos, ni debemos dejar que los impactos, los instantes y lo inmediato bloqueen nuestra capacidad estratégica, porque esta se erige como esencial para lograr la permanencia en el tiempo de un proyecto.

The Coddling of the American Mind: How Good Intentions and Bad Ideas Are Setting Up a Generation for Failure

De Jonathan Haidt y Greg Lukianoff

“Algo está yendo mal en muchos campus universitarios en los últimos años. Los oradores son abucheados por estudiantes. Los estudiantes y profesores tienen miedo de hablar honestamente. Las tasas de ansiedad, depresión y suicidio están aumentando. ¿Qué está ocurriendo?”. Así presentan los autores este libro basado en tres ideas equivocadas que se han introducido en el subconsciente de muchos jóvenes, y no tan jóvenes, que creen defender una visión generosa e inclusiva de la educación. Los autores presentan “las tres grandes falsedades«, como las denominan ellos, del momento actual:

  • Lo que no te mata te hace más débil
  • Siempre confía en tus sentimientos
  • La vida es una batalla entre la gente buena y la gente mala

A partir de estos tres pilares, los autores describen un momento, el actual, y a la generación «iGen», presentada como hiperconectada y protegida y sucede directamente a los millennials.

Fue el psicólogo Jean Twenge, quien acuñó el término y los describe como obsesionados con el control, en la que de una manera expansiva se incluye la «seguridad emocional». Esta generación, comenzó a llegar a la universidad en 2013, lo que provocó una elevación de las tasas de ansiedad y de depresión. También crecieron las demandas de espacios seguros y la oposición a los oradores controvertidos, que en el caso de no aceptarse derivaban en enfrentamientos violentos con dichos oradores.

Es una lectura interesante porque esos universitarios son el talento que llegará a las empresas en unos años, y su fragilidad, así como su no preparación para encarar la vida, el conflicto, o el debate habrá de ser gestionada por las organizaciones.

En busca del talento emprendedor e intraemprendedor

Me gusta defender que el principal impulsor del crecimiento de una sociedad es el talento emprendedor, pues es la herramienta clave para provocar cambio y, así, lograr más y mejor bienestar.

Todos, como entes productivos que somos, tenemos la responsabilidad de contribuir al desarrollo de nuestro entorno, bien seamos empleados, bien empresarios. Además, tenemos que reconocer que el contrato laboral y, por tanto, las relaciones empresariales están cambiando. A esto se ha de añadir la circunstancia de que, en la actualidad, las organizaciones se están transformando, haciéndose más horizontales y más ágiles. Por otro lado, es interesante que, cada vez más, las personas están enfocadas en encontrar un propósito en su vida, que oriente qué hacer en ella, cómo hacerlo y, a dónde llegar.

Con todo esto, considero que el gran catalizador de todas estas cuestiones; por supuesto desde una base real, sostenible y estable; es el talento emprendedor. Es importante defender que este se puede trabajar desde formas diferentes, por un lado, extra-organizacionalmente, pero también desde un enfoque intra-empresarial. Este último punto es muy interesante, porque permite a los empresarios observar a sus equipos con una mirada enriquecedora. ¿Cómo hacerlo?

Resulta muy importante poder crear vasos comunicantes entre lo ya establecido y lo que es potencialmente susceptible de fomentar progreso. De este modo, considero que hay que apostar por crear instrumentos y protocolos que ayuden a identificar ese talento emprendedor. Y a continuación se le apoye, integrándolo en el ecosistema organizacional, para que, además de contribuir al propósito ya establecido, pueda orientarse hacia nuevas metas. Y es que el futuro empresarial reside en potenciar la capacidad emprendedora de toda organización.