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Pensamiento lateral, lecturas y reflexión

Una máxima de la gestión generalmente aceptable es que resulta imprescindible revisar periódicamente el objetivo final de cualquier proyecto, establecer filtros de decisión concretos que en el día a día se escapan y ponderar la voluntad de la organización a la hora de contribuir al desarrollo social.

La llegada de las vacaciones se configura como un excelente momento para realizar este ejercicio de reflexión. Así hacen grandes líderes, como Bill Gates que suele dedicar su primera semana de asueto a desconectar en la montaña sin acceso a la tecnología.

Tanto si el proyecto que nos ocupa se encuentra en una encrucijada, como si se trata de una etapa rutinaria, es muy recomendable que estas deliberaciones se desarrollen en soledad.  Incluso resulta muy interesante poner distancia física con nuestro contexto rutinario, puesto que el viaje nos permite ver las cosas desde otro enfoque.

Dado que estamos en un mundo fusión, es clave ser capaces de salir de nuestro sector, aprender a pensar lateralmente, incorporar el humanismo a nuestra vida, mirar la realidad transversalmente… Porque solamente haciendo esto, se alcanzará la tan deseada innovación y limitaremos el riesgo de ser grandes copiadores.

Por otro lado, es clave también utilizar estos días de descanso para alimentar nuestro intelecto de forma distinta. Es obvio que estamos en un mundo de sobre información brutal, por lo que es preciso frenar este maremágnum de contenido y nutrir la mente con conceptos nuevos, pero en un entorno de silencio.

Algunas buenas prácticas para este ejercicio:

  • Limitar el acceso a redes sociales, email…
  • Identificar conferencias TED sobre temas novedosos
  • Pensar en lecturas que nos apasionen
  • Dejar la mente en blanco
  • Disfrutar el silencio

 Nos vemos el 1 de septiembre.

The Irrational Economist

Se trata de una colección de ensayos donde se reflexiona sobre la Teoría de la decisión. El punto arranque del libro es que a menudo tomamos decisiones que no son acertadas o incluso irracionales, tanto en nuestra vida cotidiana como frente a amenazas globales tales como los desastres naturales, el cambio climático, las crisis financieras…

A partir de esto, el objetivo que se busca satisfacer es facilitar conocimiento para ayudar en la toma de mejores decisiones en un contexto cada vez más incierto y volátil, a medida que pasa el tiempo.

Se describe el siglo XXI como una etapa donde reinarán los eventos imprevistos, las situaciones completamente nuevas y una presión creciente para poder reaccionar extremadamente rápido, aunque no sea posible predecir el impacto de las medidas adoptadas.

En definitiva, parece ser que nos enfrentaremos a un nuevo mundo donde la hipervelocidad será un factor presente en todo momento tal y como ya lo estamos sintiendo. Por esto, recomendamos revisar las opiniones de algunos líderes mundiales en campos como Economía, Neurociencia, Psicología, Finanzas, entre los que están incluidos varios premios Nobel. Es una excelente oportunidad para prepararnos para una mejor toma de decisiones tanto en el ámbito público como en el privado.

Transformación del tradicional CEO en Chief Executive Leader

(Articulo publicado originalmente en Mercado)

Por Jesús V. Izquierdo

Cuando George Lakoff, Catedrático de Ciencia Cognitiva y Lingüística en la Universidad de Berkeley, publicó su famoso No pienses en un elefante, expuso de una forma fácilmente entendible la increíble capacidad de las palabras para evocar un marco conceptual, una imagen o bien otro tipo de conocimiento respecto a la realidad que nombran. El autor defendía que las palabras bautizan la realidad y que también condicionan la percepción que se tiene de ella.
Ponía como ejemplo el caso del alivio fiscal prometido por George W. Bush a su llegada a la Casa Blanca. Exponía que el enmarcado de alivio implicaba una contraposición a una supuesta adversidad previa. Añadía que aquel capaz de aliviar la desgracia ocurrida podría ser entendido como una suerte de héroe. Y, además, aquellos que intentaran frenar al héroe serían percibidos como villanos, puesto que obstaculizarían la llegada del ansiado alivio.
Con esta breve exposición; en la que gracias al poder sugestivo de las palabras George W. Bush se confiere como héroe, los demócratas son los malos y la bajada de impuestos republicana aparece como el maná; se observa cómo la denominación que le damos a las cosas condiciona nuestra relación con ellas.
Es interesante el ejercicio de trasladar el poder evocador de las palabras al mundo empresarial. Pero en esta ocasión, introduciremos una nueva variable y es que el mundo de los negocios está sometido a un constante cambio. Este nuevo contexto implica que en las organizaciones se están demandando innovadores perfiles profesionales, tanto en los más altos niveles organizacionales como en responsabilidades ejecutivas.
Siempre he defendido que el cambio y la transformación han de comenzar por los órganos directivos de cualquier organización. Si se alcanza el alineamiento estratégico de estos, el proceso podrá extenderse con eficiencia y facilidad a los demás niveles. Por esta razón, es imperioso que la máxima autoridad de la empresa también repiense sus funciones y que les otorgue un nombre coherente y acorde con lo que se espera de ella.
Hasta hace algunos años estos perfiles recibían la denominación de gerente o director general, primer ejecutivo y, sobre todo y abusando de un anglicismo, chief executive officer (CEO). Sin embargo, estas capacidades se han quedado obsoletas en un entorno cada vez más competitivo. Ya no basta con que el máximo responsable de la empresa dirija, gestione y organice. Se requieren aptitudes excepcionales dados los variables escenarios que existen actualmente en los mercados.
Desde aquí apostamos por fortalecer estratégicamente a la máxima autoridad corporativa con habilidades de liderazgo estratégico, ya que esto permitirá una mayor ejecución de los objetivos a largo plazo, los planes de negocio y acercar a todo el equipo directivo a su máximo potencial. Pero ¿qué nuevas competencias, habilidades, conocimientos y, por supuesto, responsabilidades ha de tener el nuevo CEO que hemos promocionado lingüísticamente a Chief Executive Leader?
En primer lugar, tienen que apoyar el avance de la corporación en la que se encuentran de manera holística y primando el ego colectivo frente a los egos individuales. Son jugadores activos para acercar a los equipos a su máximo potencial de desempeño. Además, han de guiar al equipo directivo para definir el norte de la organización, transmitirla y lograr movilizarlos hacia ese destino entendiéndolo como un objetivo primario y compartido. Han de ser excelentes embajadores de su empresa en todos los niveles, poseer una reputación intachable, y, por supuesto, lograr conducir a la institución a altos niveles de éxito. A esto se añade que han de lograr a través de una diplomacia institucional y simbólica la generación de confianza de la sociedad hacia la organización. Y, por último, tienen que impulsar el desempeño de los empleados, motivarles, invitarles a ser innovadores y hacerles partícipes de un propósito a largo plazo que asegure el mix de compromiso racional y emocional necesario hoy día para afrontar el cambio constante.
En conclusión, como apuntábamos al principio, el lenguaje conforma nuestro modo de ver el mundo y el lenguaje crea realidad y, por tanto, nuestro estándar de comportamiento. En un mundo donde el liderazgo empresarial es más importante que nunca necesitamos elevarnos desde simples officers a Chief Executive Leaders. Pensemos en liderazgo de forma consciente.

Jesús V. Izquierdo

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